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AV E N T U R A S
J AT U N
L
eer el Río, esa era la consigna en esta aventura. Mientras viajaba en la camio-neta que nos transportaba has-ta la comunidad de Serena, punto del que partiríamos, pensaba en si me animaría a embarcarme en aquellos bote-citos inflables que alguna vez había visto en las revistas o en videos de deportes extremos. Ni la abundante vegetación niAtractivos
Los ríos del Tena son ideales para practicar
rafting, un deporte extremo que consiste en recorrer
el cauce siguiendo la dirección de la corriente .
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el silbido del viento ni cual-quier otra distracción repre-sentaban un obstáculo para es-cuchar los acelerados latidos de mi corazón presagiando una experiencia con altas dosis de adrenalina. Sin exagerar, la sola idea me atemorizaba.
Al llegar, el encargado de or-ganizar la actividad empezó a enlistar a los arriesgados . - ¡To-men sus equipos!, nos dijo. Pronto, estuvimos uniforma-dos con cascos, chalecos
salva-vidas y remos. Parecíamos sol-daditos, solo que esta vez la ba-talla se libraría en el ‘Río Gran-d e’. En realiGran-daGran-d es enorme, tie-ne aproximadamente 29 kiló-metros que se recorren en un día, solo que esta vez lidiamos con las olas solo una hora.
Tomás Rivadeneira fue quien nos dictó una charla técnica. Sus instrucciones de lo que nos podía pasar en el ‘c o m b a t e’ lo -graron secar irremediablemen-te mi garganta. Que si un pie se
les queda atrapado entre dos piedras, que si se vuelca el bote, que si se suelta un remo, que si tienes que rescatar a un compa-ñero... Eran demasiadas adver-tencias para recordarlas en tan poco tiempo y con tantos ner-vios. Lo que sí mantuve en mi mente fue aquel lema de “ante todo guardar la calma”. El si-guiente paso fue formar grupos de seis. Mis camaradas estaban igual que yo. Ninguno había re-corrido la ruta del agua. Sin
em-bargo nos disponíamos a ha-cerlo. Nos designaron un guía, le llamaban ‘George de la Sel-v a’. Su nombre real es Jorge Quiguango y conocía las sor-presas del gran Jatu Yaku. Nos recordó que podíamos estar tranquilos, que se trataba de un río de tercer nivel, perfecto pa-ra principiantes. Eso nos sirvió de aliento. Comenzamos por practicar en las orillas. Nos en-señó las voces básicas de rema-da y su ejecución: "adelante",
"atrás", "derecha", "izquierda", "abajo" y "arriba"(como parte del festejo).
Después de unos minutos, fa-miliarizándonos con ese espa-cio de la naturaleza, estábamos listos para leer el río. Lo que ca-da uno sintió es una historia distinta. Por mi parte, no cam-biaría las repentinas oleadas de agua fresca sobre mi rostro, los lugares paradisiacos que dis-fruté, el placer de ir contra la co-rriente y con ella a la vez.
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